El tiempo

Pedro y Alicia, los dos nombres que han marcado a tantas generaciones en Carbajosa

Tras casi dos décadas al frente de Ciudad de los Niños y CiberCarba, defienden un modelo único que ha implicado a más de 5.000 jóvenes en la vida del municipio.

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Pedro Cenalmor y Alicia Sánchez | Luis Cotobal

Entrevistar a Pedro Cenalmor y Alicia Sánchez en Carbajosa no es fácil, pero no por falta de conversación. Lo complicado, en el mejor de los sentidos, es avanzar 5 minutos seguidos sin que alguien les pare.

Un niño que saluda desde lejos, otro que se acerca a abrazarles, un adolescente que les llama por su nombre desde lejos, o una madre que se detiene a comentar cualquier cosa. Ocurre una y otra vez durante la charla en el parque Ciudad de los Niños, el lugar elegido para esta conversación porque, en realidad, no podía ser en otro sitio.

Después de casi dos décadas al frente de dos proyectos tan arraigados en el municipio como Ciudad de los Niños y CiberCarba, Pedro y Alicia forman parte del paisaje humano de Carbajosa.

No como figuras decorativas ni como nombres que se repiten en un cartel, sino como dos personas que han acompañado a generaciones enteras de niños, niñas y adolescentes, viendo cómo crecían, cómo cambiaban y cómo, en muchos casos, acababan convirtiéndose en adultos que todavía hoy les siguen saludando entusiasmados por la calle.

Lo que hoy es una seña de identidad del municipio empezó como una apuesta muy concreta. Pedro recuerda que el proyecto fue propuesto por Santiago Gómez, profesor de Animación Sociocultural a través de la Universidad Popular, y que desde el principio se planteó con la idea de no hacer algo para los niños, sino desde los niños.

“El Ayuntamiento quiso que fuese un proyecto significativo, que no nos quedáramos en una participación representativa”.

Frente a otros modelos en los que solo hay un pequeño grupo de representantes, Carbajosa apostó por la participación universal. “Aquí estamos trabajando con 400 chavales al año que proponen ideas para mejorar su municipio”, resume.

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Alicia Sánchez, durante una de las actividades realizadas dentro del programa Ciudad De Los Niños

No es un matiz menor. Para ellos, ahí está una de las claves del éxito y de la singularidad del proyecto. Alicia lo dice con naturalidad, como quien lleva muchos años defendiendo la misma idea y viéndola funcionar.

“Desde el principio se planteó así porque queríamos la participación de todos los escolares del municipio”. La integración dentro de los colegios fue decisiva. De hecho, ambos subrayan que es el único proyecto de Ciudad de los Niños, a nivel internacional, junto a Castellanos de Moriscos, que está incluido dentro de los centros educativos. Y eso, sostienen, lo cambió todo.

Un proyecto para hacer pueblo

Cuando Pedro y Alicia llegaron, Carbajosa apenas superaba el millar de habitantes y atravesaba el momento de recibir a muchas familias procedentes de otros lugares que todavía no se sentían del municipio. Ahí, cuentan, el proyecto jugó un papel fundamental como nexo de unión.

“En aquel momento preguntábamos a los niños de dónde eran y cada uno te decía de dónde venía. Ahora preguntas de dónde son y te dicen que de Carbajosa”.

No tardaron en darse cuenta de que lo que tenían entre manos iba mucho más allá de una actividad complementaria. Alicia sitúa ese momento muy pronto, casi desde el principio, cuando vieron el impacto que estaba teniendo dentro del colegio y la defensa que la propia comunidad educativa hizo para que el proyecto continuara.

Ahí comprendieron que Ciudad de los Niños no era algo accesorio, sino una forma distinta de entender la vida del municipio. Si tuvieran que resumirlo en una sola frase, no se irían a algo rebuscado. Alicia responde rápido: “Participación infantil”. Pedro añade un matiz decisivo: “Con protagonismo”.

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Pedro Cenalmor y Alicia Sánchez | Luis Cotobal

Y a partir de ahí desarrolla una idea que se ha convertido en una especie de columna vertebral del proyecto. El consejo de niños no es, dice, una actividad educativa sin más, sino “un proyecto político”, entendido no desde la política partidista, sino desde la capacidad de un colectivo al que normalmente no se escucha para dirigirse directamente al alcalde y plantear cómo ve la localidad y cómo le gustaría mejorarla.

Lo llamativo, añaden, es que los niños rara vez piensan solo en ellos mismos. “Proponen cosas para todo el mundo, para los perros, para los abuelos…”, explica Pedro. En esa mirada está una de las esencias de todo el modelo. Carbajosa vista a los ojos de los niños, vienen a decir, acaba siendo un lugar mejor para todos.

Escuchar a un niño no siempre es tan fácil

Fuera de Carbajosa, reconocen, este tipo de planteamientos sigue sorprendiendo. Y no solo por la existencia de consejos infantiles en el salón de plenos, sino por la profundidad del proyecto. Porque Ciudad de los Niños no se limita al consejo, sino que abarca la autonomía, el juego libre, el uso del espacio público y la idea de poner realmente a la infancia en el centro.

Por eso, durante todos estos años, parte del trabajo también ha consistido en educar a los adultos. Alicia no lo duda: “Se hizo desde el principio”. Recuerda incluso con humor cómo el propio alcalde, en los primeros consejos, terminaba preguntando qué tal lo había hecho.

“Enfrentarse a los niños no es fácil”, dice. Escucharles de verdad, ponerse a su nivel y tomarse en serio lo que dicen sigue siendo, en muchos ámbitos, una tarea pendiente.

Pedro cree que la escuela también ha cambiado mucho en este tiempo y que ahora es más participativa que antes.

De hecho, destaca que en algunos de los colegios de Carbajosa ya existen consejos de dirección en los que los alumnos proponen mejoras para la vida interna del centro. Eso, a su juicio, demuestra que la participación infantil no es un adorno ni una extravagancia, sino una forma de trabajar que termina impregnando otros espacios.

Cuando se les pregunta qué tiene Carbajosa para que este modelo haya funcionado durante tanto tiempo, la respuesta no apunta a una fórmula mágica.

Pedro habla de credibilidad, de continuidad y de personas concretas que han empujado siempre para que el proyecto siguiera adelante. Ninguno de los dos duda en señalar una figura clave que ha sostenido el proyecto a lo largo del tiempo: Pilar Sánchez, jefa de área en el Consistorio, a quien reconocen como una de las personas que más ha creído en esta iniciativa desde el principio.

“Ha pasado por todos los concejales, por todos los momentos, y ella siempre ha estado ahí”, explica, destacando su papel constante más allá de cambios políticos o etapas distintas. A su juicio, esa continuidad, ese respaldo técnico firme y silencioso, ha sido determinante para que Ciudad de los Niños no solo se mantenga, sino que siga creciendo con el paso de los años.

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Yincana "mirada de la infancia", donde los niños aprendían sobre sus derechos de manera lúdica | Miriam de la Torre

A ese respaldo constante se suma también el de muchas otras personas que, desde distintos ámbitos, han hecho posible que el proyecto se mantenga en el tiempo. Desde concejales hasta alcaldes e incluso la propia oposición.

“La gente ha confiado de verdad en el proyecto, han creído en él”, resumen. Y lo dicen con la seguridad de quien lleva años comprobando que no basta con poner en marcha una idea, sino que hay que sostenerla en el tiempo.

En ese recorrido hay también una figura que ambos señalan como referente imprescindible: el pedagogo italiano Francesco Tonucci, impulsor a nivel internacional del proyecto ‘La Ciudad de los Niños’.

Su pensamiento, centrado en situar a la infancia en el corazón de las decisiones públicas, ha sido -como ellos mismos reconocen- “el faro” que ha guiado tanto el desarrollo del programa como su propia forma de entender la educación y la participación.

Una influencia constante, tanto en lo profesional como en lo personal, que ha marcado el rumbo de todo el proceso desde sus inicios.

Ese arraigo también se nota en la vida cotidiana. Pedro cuenta que mucha gente les saluda aunque no les conozca personalmente. Y añade un detalle, el alcalde conserva las actas de los consejos en su mesa y las consulta cuando se plantea una obra o una actuación en el municipio. “Eso lo hace muchas veces”, asegura. Es decir, la participación no se queda en el gesto, también deja rastro.

Cinco mil niños después

Poner una cifra exacta a todo lo que ha movido este proyecto es complicado, pero tanto Pedro como Alicia aceptan una estimación que impresiona por sí sola.

Entre Ciudad de los Niños, CiberCarba, las actividades semanales y las propuestas de verano, se calcula que a lo largo de estos años habrán pasado por sus manos alrededor de 5.000 niños y niñas.

La cifra sirve para entender la dimensión real de lo que han construido, pero más aún lo que cuentan cuando miran atrás. Alicia lo define como “una pasada” al ver a aquellos niños ahora ya adultos y, sobre todo, al comprobar que todavía les saludan.

“Es súper gratificante”, admite. No siempre les reconocen a la primera, porque el tiempo transforma mucho, pero cuando son ellos quienes se acercan, el efecto es inmediato.

Y no solo eso. También hay padres que les han dicho que sus hijos han tomado determinados caminos en parte por lo que vivieron aquí. Pedro pone otro ejemplo más concreto: un familiar suyo que trabaja con chavales fuera del municipio les ha comentado más de una vez que nota claramente cuando los jóvenes son de Carbajosa en aspectos como la resolución de conflictos, los valores, la solidaridad o la capacidad de trabajar en equipo.

Alicia y Pedro no quieren sonar pretenciosos, pero sí defienden con claridad a los niños y jóvenes del municipio. Les molesta que a veces todo quede reducido a la anécdota de una pintada o a un episodio puntual cuando, a su juicio, lo verdaderamente relevante es el caudal de cosas buenas que generan.

“Tenemos que estar muy orgullosos de los niños, niñas y de los jóvenes de Carbajosa”.

Una de las historias que más les han marcado tiene que ver con la inclusión. Alicia recuerda especialmente el caso de un joven con TEA con el que trabajar, no siempre fue sencillo, pero cuya evolución y encaje dentro del grupo le dejó una huella profunda.

También destacan con orgullo cómo en sus actividades conviven con absoluta naturalidad niños con capacidades especiales o con dificultades de comunicación.

El salto a CiberCarba

Si Ciudad de los Niños cubría una etapa, CiberCarba nació para cerrar el hueco que se abría entre la infancia y la adolescencia antes de poder acceder al Centro joven. Pedro recuerda que ese vacío les preocupaba desde hacía tiempo y que fueron los propios chavales quienes acabaron dándoles la solución.

Un pequeño grupo planteó en un consejo que querían seguir haciendo algo cuando terminaran aquella fase, y así nació el proyecto. Corría el año 2017.

La adolescencia, admiten, cambia muchas cosas. Pedro menciona una muy concreta: la vergüenza. Cuenta que en Menuda Voz, el espacio de radio en el que participan durante años, los niños trabajan desde la escucha y la espontaneidad, sin preparar las preguntas.

Pero cuando llegan a primero de la ESO, muchos empiezan a necesitar guion y a perder soltura. “La espontaneidad cambia”, dice Alicia. Es una transformación lógica, vinculada a la etapa vital, pero también un reto.

Aun así, insisten en que para muchos siguen siendo un referente. En esa nueva etapa, donde casi todo cambia de golpe, Pedro y Alicia se convierten muchas veces en una especie de “hermano mayor”, alguien que permanece cuando casi todo lo demás es nuevo. Las preocupaciones también se desplazan. Si en la infancia el juego y la participación ocupan el centro, en CiberCarba empiezan a aparecer con fuerza los estudios, las decisiones sobre el futuro y la orientación vocacional.

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Remarcado de las huellas que forman parte del proyecto “A la escuela vamos andando”

Para trabajarlo, desarrollan actividades como Aprender de Emprender, donde conocen a gente del municipio que les cuenta cómo empezó su negocio, su profesión o su trayectoria. La idea es abrir posibilidades, ofrecer referentes y demostrar que hay muchos caminos distintos y todos pueden ser igual de valiosos.

También abordan cuestiones muy pegadas a la realidad de los adolescentes de hoy como las redes sociales, seguridad en internet, violencia de género, igualdad o análisis crítico del contenido que consumen. Lo hacen a través de herramientas como la red CiberCorresponsales, en la que escriben con seudónimo sobre temas que les preocupan, o mediante talleres, cortos audiovisuales y propuestas en el aula informática.

Alicia cuenta que este año incluso han trabajado el análisis de letras de canciones con un bingo musical, comparando temas de antes y de ahora para desmontar el tópico de que la adolescencia actual es peor.

“La infancia no es peor que la de antes; simplemente hay que ponerles los recursos”.

Dejar hacer y proteger de lejos

Si hay una idea que atraviesa toda la conversación es la del equilibrio entre acompañar y no invadir. Cuando se les pregunta dónde está el límite entre cuidar y sobreproteger, la respuesta llega casi al unísono: “En dejar hacer”.

Pedro recuerda una frase de un niño que se les quedó grabada: quería que le protegieran, sí, “pero de lejos”. En esa distancia, en esa libertad vigilada pero no asfixiante, creen que está buena parte del éxito del proyecto. Dejar jugar, dejar decidir, dejar aburrirse o dejar inventar. No organizar cada minuto ni llenar cada hueco de instrucciones.

Esa libertad también genera algo más valioso aún: confianza. En Ciudad de los Niños, dicen, muchos sienten que pueden ser ellos mismos. Pedro recuerda una frase que le marcó especialmente: “En Ciudad de los Niños me siento libre”. Para ellos, ahí está todo. Porque cuando alguien se siente libre, también acaba contando cosas que no habría contado en otro sitio.

Alicia explica que así, muchas veces surgen confesiones sin que nadie las esté buscando, y que gracias a esa confianza han podido detectar situaciones de soledad, ansiedad, desconexión social e incluso episodios de bullying antes de que llegaran a otros canales.

Los dos “flipados” que todo el mundo conoce

Cuando la conversación deriva hacia ellos mismos, ambos se ríen.Less recordamos en nuestra pregunta, que son muy conocidos y muy queridos en el municipio. Lo viven con una mezcla de gratitud, naturalidad y un punto de pudor. A Alicia le encanta ese contacto. A Pedro, admite, a veces le da algo de vergüenza, aunque también lo disfruta.

Cuentan incluso la anécdota de una familia llegada hace apenas dos años a Carbajosa que, antes de conocerles, ya oía hablar de ellos por todas partes. “¿Pero quiénes son esos flipados?”, recordaba Alicia entre risas.

Hasta que un día les vio en una actividad en la Plaza Mayor, en mitad de una de esas escenas colectivas que movilizan a decenas de niños, y entendieron perfectamente quiénes eran y qué hacían. Hoy, dicen, esa familia está encantada.

¿Son una especie de segundos padres para muchos niños? Puede, pero matizan. No tanto padres o madres, dicen, sino referentes. Personas estables, coherentes, presentes durante años, que no cambian cada poco tiempo y que han sabido estar ahí sin hacerse colegas, sin invadir el papel de la familia, pero sí ocupando un espacio importante en la mochila emocional de muchos jóvenes.

Quizá ahí esté otra de las claves, la coherencia. Pedro lo resume a su manera, entre humor y seriedad. Defiende el uso del humor, sí, pero con medida, sin “pasarse de cachondo”, sin volverse imprevisible. “No somos colegas”, insiste. Y sin embargo, siguen enganchando a los chavales, “¡incluso rozando ya los cincuenta!”, ríen.

Ese equilibrio entre cercanía, firmeza, continuidad y respeto es, seguramente, lo que les ha permitido mantenerse durante tanto tiempo sin perder autoridad ni vínculo.

Más que un trabajo

Cuando se les pregunta qué les sigue motivando después de tantos años, tampoco dudan. “Los propios niños”, responde Alicia. Son ellos los que les dan energía, los que les empujan y les obligan a seguir pensando, inventando e innovando.

No han querido convertirse en simples gestores de proyectos ni en coordinadores que mandan desde lejos. Siempre han querido estar dentro, en contacto directo con los chavales, porque es ahí donde sienten que está el sentido de todo.

Hablan de su labor casi como de un proyecto de vida. Y da la impresión de que no están exagerando. De hecho, cuando se les pregunta si alguna vez han pensado en dejarlo, ambos responden con un no rotundo. Este proyecto, vienen a decir, ha encajado de forma natural con su manera de entender la educación, la pedagogía y la intervención social.

Por eso el agradecimiento final no suena impostado. Alicia agradece a Carbajosa haber aparecido en su vida. Habla del cariño de los niños, de los padres, de los profesores y del Ayuntamiento, pero también de la oportunidad de haber construido algo así durante tantos años en un lugar que, a su juicio, es ideal para ello.

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Pedro Cenalmor y Alicia Sánchez | Luis Cotobal

“Nosotros vivimos en Santa Marta y no tiene nada que ver”, explican, aludiendo a la forma en la que está concebido Carbajosa. Destacan especialmente la cantidad y calidad de los espacios pensados para la vida en la calle, desde plazas hasta zonas abiertas donde los niños pueden jugar, las familias pasear y los vecinos convivir.

Para ellos, ese diseño más humano y accesible del municipio también ha sido clave para que el proyecto funcione y para que los chavales se impliquen de forma natural en su propia localidad.

Y mientras la entrevista va terminando, el parque sigue haciendo de parque. Hay niños corriendo, adolescentes esperando, saludos que van y vienen y nombres que se cruzan en el aire.

La escena, en el fondo, explica mejor que cualquier teoría por qué Pedro y Alicia son quienes son en Carbajosa. No porque se hayan empeñado en ocupar un lugar, sino porque sus habitantes, con el tiempo, se lo ha dado.

Y eso, después de casi dos décadas, no se consigue con un programa bonito; se consigue dejando huella.

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