El radar se dispara en Carbajosa tras su traslado: más de 350.000 euros en sanciones en solo un mes
El traslado del dispositivo de control de velocidad dispara el número de sanciones y deja cerca de 3.000 denuncias en apenas 30 días.
Carbajosa cuenta desde hace varios meses con un sistema fijo de control de velocidad destinado a mejorar la seguridad vial en distintos puntos del municipio.
Se trata de un único radar que opera sobre varias cabinas distribuidas por la localidad, un modelo que permite modificar su ubicación en función de las necesidades detectadas en cada momento.
Casi 3.000 denuncias en apenas 30 días
Tal y como ha podido saber CARBAJOSA NOTICIAS en EXCLUSIVA, el análisis de los registros administrativos asociados a la gestión sancionadora permite situar en torno a 2.800 el número total de denuncias tramitadas en este periodo.
Este volumen de sanciones habría generado una recaudación que se aproxima a superar los 350.000 euros, una cifra que sitúa este punto de control de velocidad como el más relevante desde que el radar comenzó a operar en la localidad.
Las cifras deben entenderse, además, como una estimación prudente, ya que el cálculo económico se calcula tomando como referencia el importe mínimo previsto para cada tipo de infracción y partiendo del escenario más favorable para los conductores, es decir, el pago en periodo voluntario con reducción.
La nueva ubicación que lo cambia todo
El panorama dio un giro notable el pasado 4 de noviembre, cuando el radar fue trasladado a la avenida Carbajosa, junto a la gasolinera CEPSA, uno de los ejes con mayor intensidad de circulación diaria del municipio y una vía muy utilizada tanto por tráfico local como por vehículos de paso.
Desde ese momento, el número de sanciones tramitadas se ha incrementado de forma muy significativa, hasta el punto de convertir este emplazamiento en el de mayor impacto desde la puesta en marcha del sistema.
Infracciones graves, retirada de puntos y poco impacto local
En cuanto al tipo de sanciones, la mayoría corresponden a infracciones graves, que conllevan la retirada de entre dos y seis puntos del carné de conducir. Las infracciones leves suponen una parte menor del total, mientras que las muy graves, aunque residuales, también están presentes y acarrean la pérdida de seis puntos.
El primer emplazamiento del radar
La primera ubicación del dispositivo fue el acceso principal al municipio, en el puente de entrada a Carbajosa. En ese punto, el radar permaneció activo durante varias semanas y su impacto económico fue relativamente contenido si se compara con el escenario actual.
Las estimaciones realizadas entonces situaban la recaudación en torno a los 30.000 euros, una cifra relevante pero moderada y que, según distintas aproximaciones, pudo incluso ser algo superior.
Ese primer periodo sirvió como toma de contacto con el sistema y permitió evaluar su funcionamiento en un punto clave, aunque con un tráfico más condicionado por la propia configuración del acceso.
Municipios pequeños con radares muy rentables
En los últimos años, distintos radares ubicados en localidades de entre 7.000 y 15.000 habitantes han alcanzado cifras de recaudación muy elevadas.
Uno de los casos más conocidos es el de Montoro (Córdoba), un municipio de poco menos de 10.000 habitantes atravesado por la autovía A-4.
El radar instalado en uno de sus accesos llegó a recaudar cerca de cuatro millones de euros en un solo año, convirtiéndose durante meses en el más sancionador de toda España. No se trataba de un radar urbano, sino de un dispositivo situado en una vía de alta capacidad con miles de vehículos diarios, muchos de ellos ajenos al municipio.
Otro ejemplo más reciente es el de Lugones, una localidad asturiana con una población ligeramente superior a la de Carbajosa. Allí, la implantación de radares urbanos asociados al nuevo límite de 30 km/h provocó una avalancha de sanciones en apenas unas semanas. En solo dos meses se contabilizaron decenas de miles de denuncias, con una recaudación potencial que superó ampliamente el millón de euros.
La situación fue tan llamativa que el propio Ayuntamiento acabó recolocando algunos dispositivos ante la presión vecinal.

