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La pasarela que no podrá ser trofeo político de nadie

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La pasarela que no podrá ser trofeo político de nadie

Hay obras que se inauguran. Y hay obras que se sufren. La pasarela sobre la SA-20 pertenece, sin duda, a las segundas.

Durante años, este proyecto ha sido un ejemplo claro de cómo una infraestructura necesaria puede quedar atrapada entre anuncios, retrasos, cambios de calendario y, cómo no, ruido político.

Promesas que iban y venían, fechas que nunca se cumplían y vecinos y trabajadores que, mientras tanto, seguían cruzando un paso semaforizado que no tenía sentido en pleno 2026, ni tampoco hace 8 años.

Por eso, lo ocurrido la pasada madrugada no es una simple obra más. Es el final de una espera demasiado larga. Y precisamente por eso, sería un error -uno más- convertir este momento en un escenario de fotos de cualquier color político.

Porque esta pasarela no es de ningún partido. Ni lo fue cuando se reconoció su necesidad en 2018, bajo el Gobierno del Partido Popular, ni lo es ahora. Lo que entonces fue un compromiso, se convirtió después en años de retrasos y ejecución tardía bajo el actual Gobierno de Pedro Sánchez, pese a que desde el Partido Socialista se haya defendido reiteradamente que este proyecto es un ejemplo de “política útil al servicio del ciudadano”, como llegó a afirmar Sara Sánchez en abril de 2024. Pues menos mal.

Pero la realidad es otra: estamos en marzo de 2026. Y esa es la única medida válida. Porque la política útil no se proclama, se ejecuta a tiempo. Y cuando algo llega tarde, lo mínimo que se le debe en adelante es respeto.

Respeto a los vecinos que han esperado. Respeto a los trabajadores de los polígonos y respeto a los operarios que la han hecho posible, con una precisión y una profesionalidad que sí merecen reconocimiento. Y, por supuesto, respeto a la inteligencia de quienes saben perfectamente todo lo que ha pasado hasta llegar aquí.

Sería difícil de entender -y más aún de aceptar- empezar a ver ahora desfiles políticos para capitalizar lo que durante tanto tiempo fue total incapacidad, bloqueo o falta de prioridad, según el caso. Cada uno sabrá en qué punto estuvo en esta historia. Y cada vecino también.

Porque si algo ha demostrado esta pasarela es que las infraestructuras no avanzan con titulares, sino con hechos. Y los hechos, en este caso, han llegado tarde y tras demasiadas idas y venidas.

Ahora que por fin nuestra particular "Sagrada Familia" ya está sobre la SA-20, lo que toca no es hacerse la foto. Lo que toca es callar, mirar y asumir.

Y, si acaso, aprender para la próxima mientras por fin cruzamos de manera segura.

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