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De estar olvidados a llenar las calles: la historia de los jóvenes que han recuperado los cabezudos en Carbajosa

El colectivo, formado por jóvenes de entre 12 y 33 años, ha reactivado una tradición festiva que llevaba años sin presencia en las calles del municipio.

Rubén Rodríguez y Sergio Sánchez, dos de los integrantes de la asociación de cabezudos Miranda de Azán
Rubén Rodríguez y Sergio Sánchez, dos de los integrantes de la asociación de cabezudos Miranda de Azán

Hay tradiciones que sobreviven por inercia. Y otras que necesitan que alguien dé un paso al frente para no desaparecer.

En Carbajosa, ese paso lo ha dado un grupo de jóvenes que, casi sin hacer ruido, ha conseguido devolver a las calles una de esas estampas que parecían condenadas al olvido: los cabezudos corriendo entre niños, risas y carreras improvisadas.

Detrás de esa imagen están Rubén Rodríguez y Sergio Sánchez, dos de los integrantes de la asociación de cabezudos Miranda de Azán, un colectivo formado por una decena de jóvenes que ha asumido el reto de mantener viva una tradición profundamente ligada a la cultura popular.

La historia no empieza en un despacho ni en una reunión formal, sino en algo mucho más sencillo. Una nave de ensayo, un cabezudo olvidado y una curiosidad que acabó convirtiéndose en compromiso.

“Yo los vi en la nave donde ensayaba con la banda y dije: sea como sea tengo que salir con uno”, recuerda Rubén. Aquella imagen fue el punto de partida. Primero llegó la compra de un cabezudo, después otro y poco a poco, casi sin buscarlo, se fue construyendo lo que hoy es la asociación.

De la curiosidad a la responsabilidad

Lo que comenzó como una inquietud personal terminó encontrando un propósito más amplio. No se trataba solo de salir a la calle, sino de recuperar algo que sentían que se estaba perdiendo.

“Queríamos fomentar la tradición, que los niños de ahora conocieran lo que son los cabezudos y que esto no desaparezca”, explica Rubén. “No solo los cabezudos, sino las tradiciones en general. Salamanca es tierra de tradiciones y no se deben perder”.

Ese objetivo es el que ha marcado el crecimiento del grupo, que hoy ronda los diez integrantes con edades que van desde los 12 hasta los 33 años. Una mezcla poco habitual en este tipo de actividades que, sin embargo, se ha convertido en una de sus señas de identidad.

Una generación que rompe el tópico

La escena sorprende. Cabezudos en la calle, sí, pero al quitarse la máscara lo que aparece no son adultos con años de experiencia, sino chavales jóvenes que han decidido implicarse.

“La gente se queda sorprendida, pero también contenta”, explica Sergio. “Ven que somos jóvenes, que jugamos tanto con niños como con mayores y que le ponemos ganas. Nos dicen que se alegran de que la juventud también quiera mantener esto”. Esa energía se traduce en algo que va más allá del simple desfile.

No hay recorrido rígido ni actuación encorsetada. Hay interacción, carreras, bromas y una forma de entender los cabezudos más cercana a la tradición original.

“Nosotros lo vemos como correr, jugar, interactuar. No un pasacalles sin más”, explica Rubén. “Es lo que siempre hemos visto y lo que creemos que la gente también quiere”.

Detrás de la diversión hay una realidad menos visible. Llevar un cabezudo no es tan sencillo como parece. La visión es mínima, el peso se hace notar y el entorno añade dificultad.

“La visión es casi nula, ves por un hueco y los niños a veces se meten por debajo sin que los veas”, reconoce Rubén. “Y luego está la responsabilidad, porque es un material frágil y cualquier golpe puede salir caro”.

 

A eso se suma el esfuerzo físico. Aunque no existe un entrenamiento formal, muchos de ellos se preparan por su cuenta. No es casual: correr con un cabezudo requiere equilibrio, resistencia y cierta técnica para evitar caídas. “Al final no corres al cien por cien, vas como frenando para poder estabilizarte”, explica.

La asociación posee ocho Cabezudos, en su mayoría históricos de la localidad
La asociación posee ocho Cabezudos, en su mayoría históricos de la localidad

Conciliar la pasión con la vida diaria

La implicación tampoco es sencilla. Estudios, trabajo y horarios obligan a hacer encaje de bolillos cada vez que hay una salida. “Hay que hacer mil cábalas”, admite Rubén, que actualmente estudia telecomunicaciones. “A veces te levantas antes para estudiar o cambias turnos para poder salir”.

Sergio lo resume de forma similar: “Tenemos que organizarnos con los compañeros de trabajo y cambiar turnos pero al final se hace porque te gusta”.

Carbajosa, punto de partida y de futuro

Fue el Ayuntamiento quien les abrió la puerta para utilizar los cabezudos municipales y darles salida.

“Nos dieron la oportunidad de sacar los suyos y decidimos seguir con ellos”, explica Rubén. “Siempre nos han tratado bien y estamos muy agradecidos”. Ese apoyo ha sido clave para consolidar una actividad que, según reconocen, llevaba tiempo sin la presencia que tiene ahora.

“Estaban como abandonados”, reconoce Rubén. “Y al final es darles vida, que el pueblo vuelva a tener ese ambiente, que los niños disfruten… y no solo los niños”.

El objetivo inmediato es seguir. Mantener la actividad, cuidar los cabezudos y evitar que vuelvan a quedarse guardados en una nave. A más largo plazo, la ambición crece. Quieren ampliar el grupo, participar en encuentros y llevar el nombre de Carbajosa más allá del entorno local.

“Nos gustaría ir a otras zonas, a concentraciones, que Carbajosa esté en el mapa también por esto”, explica Rubén. Un camino que, si sigue el ritmo actual, parece más que posible.

En un momento en el que muchas tradiciones dependen de la voluntad de unos pocos, lo que ocurre en Carbajosa tiene algo de excepción. No porque haya cabezudos, sino por quiénes están dentro.

Jóvenes que, lejos de mirar hacia otro lado, han decidido implicarse. Que han convertido una curiosidad en compromiso y una tradición en algo vivo.

Y que, sin grandes discursos, lo resumen todo en algo mucho más sencillo: seguir saliendo a la calle para provocar, aunque sea durante unos minutos, algo tan básico como una sonrisa cargada de adrenalina.

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