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Qué bien le sienta a Carbajosa juntarse

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Hay veces que un municipio se define mejor en un sábado cualquiera que en cien discursos institucionales. Y Carbajosa dejó este fin de semana una de esas imágenes que explican mucho más de lo que parece a simple vista.

Mientras muchas conversaciones públicas giran continuamente alrededor de lo negativo, de la crítica permanente o de esa sensación de que siempre hay algo de lo que quejarse, cientos de vecinos decidieron simplemente compartir espacio, tiempo y convivencia. Y eso, en los tiempos que corren, empieza a tener muchísimo valor.

La Fiesta de la Primavera no fue solo una programación con hinchables, conciertos, comida popular o una macrodiscoteca. Fue algo bastante más sencillo y a la vez más difícil de conseguir: que generaciones distintas convivieran durante todo un día con absoluta normalidad.

Niños jugando por la mañana. Familias compartiendo mesa en el Prado de la Vega. Jóvenes y no tan jóvenes bailando por la noche. Gente mayor disfrutando del ambiente. Peñas, asociaciones, vecinos y personas que probablemente algunos ya ni se conocían, terminando el día en el mismo espacio y sin un solo problema destacable.

Y quizá ahí esté lo verdaderamente importante.

Porque muchas veces se instala la idea de que cuando hay ocio juvenil, música o eventos multitudinarios, el resultado inevitable son conflictos, molestias o tensión. Carbajosa este fin de semana demostró justo lo contrario. Medio millar de personas reunidas por la noche alrededor de una macrodiscoteca, en un fin de semana además con grandes fiestas en otros municipios cercanos, y la noticia terminó siendo precisamente esa: que no pasó nada.

Y ojalá más veces la noticia fuese esa.

Que un pueblo puede disfrutar sin generar problemas. Que se puede llenar un recinto sin incidentes. Que la convivencia entre generaciones no solo es posible, sino necesaria. Y que cuando una localidad apuesta por crear espacios donde la gente se encuentre, participe y comparta, el resultado suele ser bastante mejor del que algunos imaginan.

También hubo solidaridad. Los más de 2.100 euros recaudados para la Asociación Española Contra el Cáncer hablan bien de un municipio que entendió que divertirse y ayudar pueden ir perfectamente de la mano. Pero incluso más allá de lo económico, quedó una sensación difícil de medir en cifras: la de formar parte de un lugar donde todavía existe cierta idea de pertenencia, de raíces.

Y eso tampoco es poca cosa.

Porque al final los pueblos no se construyen solo con calles, obras o urbanizaciones. Se construyen cuando la gente sale, participa, se mezcla y siente que comparte algo con quien tiene al lado. Aunque solo sea durante unas horas alrededor de una mesa, un concierto o una canción.

Quizá Carbajosa no solucionó ningún gran problema mundial este sábado. Pero sí recordó algo bastante importante y es que, cuando una sociedad decide convivir un poco más y quejarse un poco menos, casi todo funciona mejor.

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