Hola, ¿Quieres jugar?
Hola, ¿Quieres jugar? Nos falta uno para policías y ladrones.
De esta forma tan simple, se hacían grandes amigos en tiempos no tan lejanos.
Recuerdo con nitidez, como una treintena de niños y niñas corríamos unos detrás de otros. Si nos cansábamos, el escondite, nos aliviaba el aburrimiento. También ayudaban otras actividades como las cadenas, las canicas, las carreras de chapas, tapas de refrescos rellenos de cera y uniformados con papeles recortados y pintados de la forma más imaginaria posible, para celebrar partidos de fútbol con un garbanzo como pelota. Que recuerdos. El avión, la rayuela, el burro, saltar a la comba, la goma, el pañuelo… ¿Quién se aburría?
El aburrimiento ha generado ingenio e imaginación. Hoy, sin embargo, hay apatía. El origen está claro: llenamos nuestro tiempo con las tecnologías.
Primero fueron las televisiones, después las tablet, consolas, smartphones… ¿Quién se aburre con tanta pantalla? Nadie. Somos adictos a las imágenes. Y queremos más. Más Facebook, Instagram, X, YouTube… Cualquier red social nos vale. Nos engancha. Tanto que no necesitamos a nadie. Y eso que somos adultos.
Pues los niños de hoy, se relacionan con un móvil en las manos y esto nos lleva a situaciones impactantes. Imagínense que su hijo o hija, nieto o nieta, sobrino o sobrina, juega un partido de fútbol en un municipio cercano a su casa. Observará que lleva el móvil en su mano, olvidando las zapatillas en casa. Triste, pero cierto.
Se pondrá los cascos durante el trayecto hasta el campo. Todavía no se ha dado cuenta que no lleva las zapatillas. Sé relacionará con los compañeros de su equipo en su mundo musical o con suerte jugarán unas partidas multijugador o se adentrarán por las redes sociales. Si queda tiempo se sentarán en las gradas a ver el partido anterior al suyo. Pues no. Estarán sentados, pero con la mirada fija en la pantalla. Sin observar, sin aprender, sin disfrutar del deporte, aunque jueguen otros. Sólo cuando entran en el vestuario se guarda el móvil y ¡zasca! No tiene zapatillas ¿y mis zapatillas?
En breve los amigos de nuestros hijos y tal vez los nuestros, serán las inteligencias artificiales. Con ellas, no discutimos y no necesitamos zapatillas para jugar. Nos olvidaremos de pensar, aprender e imaginar mundos nuevos e ilusionantes. Todo nos vendrá dado.
Si no me creen, observen a su alrededor.