Aferrados a la vida
No podía ser de otra manera, nos ha robado el corazón y nos tiene pendiente de todo lo que le pase. A pesar de la lejanía, las redes nos acercan todos los días al pequeño mono bebe Punch.
Aparece como una estrella de internet, con biografía propia, como símbolo de resiliencia y perseverancia. Abandonado por su madre y rechazado por todos los de su especie, trata de sobrevivir al rechazo, abrazado a Lupe, su mono de peluche, al que acude cuando es agredido y necesita sentir el abrazo que no recibe de nadie.
La empatía nos sale por todos los poros de la piel, estamos pendientes de sus avances y sufrimos cuando lo agreden, le tiran al agua o lo despeñan desde lo alto de las rocas. Aun así, el pequeño Punch, todo ternura, sigue resistiendo e intentando sobrevivir a un mundo hostil en el que el rechazo y las agresiones se han convertido en su día a día, mientras es observado y visitado por personas que agrandan un negocio del cual habría bastante que decir.
Llegados aquí y viendo las aventuras y desventuras del pequeño, no puedo dejar de pensar en todos aquellos que son símbolo de resiliencia y perseverancia al igual que él. Niños, niñas y adolescentes rechazados, agredidos y acosados día a día y que se aferran a cualquier cosa para seguir viviendo, sin la empatía que genera en este caso el pequeño monito, porque el acoso escolar todavía sigue siendo tabú en muchos ámbitos y precisamente empatía no hay mucha, al contrario, lo que no se ve, no existe para muchos.
Dicen los cuidadores de Punch, que ese rechazo y esa hostilidad, forma parte de su adaptación y que para que sea integrado tiene que pasar por situaciones dolorosas, como las que pasa y créanme que me recuerda conversaciones que oigo a diario.
Quizás la respuesta a eso sea muy simple ¿qué tiene que cambiar en una sociedad para que nadie se sienta excluido y agredido? La pregunta es simple, la respuesta no lo es tanto, cuando permitimos que el maltrato sea parte de la vida diaria de muchas personas y seres sintientes. No se debería banalizar con situaciones que generan sufrimiento y hacerlas pasar como parte de la normalidad, sea el ámbito que sea.
Aferrarse a la vida de la mano de un peluche , es un ejemplo de lucha y supervivencia en una naturaleza que siempre fue sabia y aferrarse a la vida, agarrados de cualquier hilo es la supervivencia y la lucha en la hostilidad que muchos niños , niñas y adolescentes viven en centros educativos que deberían ser entornos seguros en un país como el nuestro , con una gran deuda pendiente con su infancia y adolescencia y que permite que se lleven a extremo situaciones que con un poquito de interés y ganas , no acabarían como muchas de estas situaciones acaban.
No todo vale, ni en la naturaleza, ni en la vida diaria, que no se olvide que aferrarse a la vida, sigue siendo una asignatura pendiente.