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“Cuando el público empieza a disfrutar, el trabajo previo ha valido la pena”: Kike Drago, jefe técnico de la orquesta Marsella

El responsable técnico de una de las grandes orquestas asturianas desvela cómo es la vida detrás del escenario, las largas jornadas de montaje y los más de 50.000 kilómetros que recorren cada temporada.

Kike Drago, jefe técnico de la orquesta Marsella
Kike Drago, jefe técnico de la orquesta Marsella

Cuando las luces se encienden y la música en directo comienza a sonar, la atención del público se dirige inevitablemente hacia el escenario.

Los cantantes, los músicos, las coreografías y los efectos visuales se convierten en los protagonistas de una noche que, para muchos, durará apenas unas horas.

Sin embargo, mucho antes de que el primer acorde llegue al Recinto Ferial, hay otro espectáculo que ya está en marcha. Uno que transcurre lejos de los focos y que rara vez recibe aplausos.

Ahí aparece la figura de personas como Kike Drago, jefe técnico de la orquesta Marsella, una de las formaciones asturianas más reconocidas del circuito verbenero nacional. Su trabajo comienza cuando todavía no hay público y termina cuando la última estructura ha vuelto al camión.

“Nosotros llegamos cuando la plaza está vacía y nos marchamos cuando vuelve a estar vacía”

La frase refleja perfectamente una realidad que pocas veces se cuenta. Porque detrás de cada actuación existe una compleja maquinaria humana y técnica que permite que todo funcione con precisión.

Cinco horas antes de que empiece la música

La jornada de un técnico de Marsella comienza mucho antes de que arranque la verbena.

Aproximadamente cinco horas antes de la actuación, los vehículos de la orquesta ya están en el recinto. Es el momento de descargar material, levantar estructuras, revisar conexiones, comprobar equipos y coordinar a todos los profesionales implicados en el montaje.

Cada actuación supone empezar prácticamente desde cero. No hay dos plazas iguales. Cada localidad presenta sus propios desafíos logísticos y obliga a adaptar el trabajo a las características del espacio.

Drago es una de las personas encargadas de coordinar ese proceso. Supervisa los tiempos, organiza el montaje y se asegura de que cada pieza ocupe el lugar que le corresponde.

Cuando finalmente se realiza la prueba de sonido, gran parte del trabajo ya está hecho. Aunque todavía queda mucho por delante.

El equipo que nadie ve

El público suele asociar una orquesta a quienes aparecen sobre el escenario. Sin embargo, funcionan gracias a un grupo mucho más amplio de profesionales.

Técnicos de sonido, especialistas en iluminación, conductores, personal de apoyo y responsables de montaje forman parte de una estructura que trabaja como un reloj.

Durante el espectáculo, cada uno desempeña una función concreta.

Kike Drago, jefe técnico de la orquesta Marsella
Kike Drago, jefe técnico de la orquesta Marsella

Mientras los artistas interpretan sus canciones, hay personas controlando la iluminación, lanzando efectos, supervisando pantallas, vigilando sistemas eléctricos o coordinando cambios que deben ejecutarse en cuestión de segundos.

Desde abajo parece sencillo. Desde dentro es el resultado de una planificación minuciosa.

“Cuando todo sale bien es porque cada persona ha hecho exactamente lo que tenía que hacer”, explica.

Miles de kilómetros cada temporada

La carretera forma parte de la vida cotidiana de quienes integran una gran orquesta.

Marsella realiza entre 100 y 110 actuaciones al año y acumula alrededor de 50.000 kilómetros por temporada. Una cifra que evidencia el ritmo frenético al que trabajan durante los meses de mayor actividad.

Pueblos pequeños, grandes ciudades, fiestas patronales o eventos multitudinarios. El escenario cambia constantemente, pero la rutina se repite una y otra vez. Montar. Actuar. Desmontar. Viajar. Y volver a empezar.

Una dinámica exigente que obliga a convivir durante meses con los mismos compañeros.

Una segunda familia sobre ruedas

Kike Drago nació en Rumanía, aunque hace años que encontró en España su hogar y su proyecto de vida. El trabajo en una orquesta le ha permitido recorrer buena parte del país mientras comparte el día a día con un grupo de personas que terminan convirtiéndose en algo más que compañeros.

Las horas de carretera, las madrugadas de desmontaje y las largas jornadas de trabajo generan una relación muy especial entre quienes forman parte del equipo.

Kike Drago, jefe técnico de la orquesta Marsella
Kike Drago, jefe técnico de la orquesta Marsella

“Al final acabamos pasando más tiempo juntos que con nuestras propias familias”, reconoce.

Esa confianza es también una de las claves que permite afrontar con éxito una temporada tan intensa.

Cuando la plaza se llena, todo cobra sentido

Hay noches complicadas. Jornadas marcadas por el calor, la lluvia o el cansancio acumulado tras cientos de kilómetros de carretera. Sin embargo, existe un momento que compensa cualquier esfuerzo.

Ocurre cuando la plaza empieza a llenarse. Cuando las luces se encienden. Cuando las primeras canciones consiguen que el público cante, baile y disfrute.

Es entonces cuando quienes trabajan detrás del escenario encuentran la recompensa a tantas horas de dedicación.

Porque aunque rara vez aparezcan en las fotografías o reciban el reconocimiento del público, saben que forman parte esencial del espectáculo.

Esta noche, en Carbajosa, miles de personas volverán a disfrutar de la música de Marsella. Y mientras todas las miradas se dirigen hacia el escenario, Kike Drago y el resto del equipo técnico estarán haciendo lo que mejor saben hacer: conseguir que todo parezca fácil.

Precisamente ahí reside el secreto de estos grandes profesionales. En lograr que nadie perciba el enorme trabajo que existe detrás de cada instante de magia.

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